Entre los seis y los diez meses de edad, los bebés comienzan a interesarse por el mundo que los rodea y a hacer el esfuerzo de desplazarse para explorar su entorno. Muchos padres consideran que el andador es una herramienta útil para estimular y acelerar el proceso que llevará a los pequeños a dar sus primeros pasos; además, con mucha frecuencia tienen la falsa impresión de que este artefacto les permitirá desplazarse de manera segura. Sin embargo, la realidad es que los andadores no ayudan a que los niños aprendan a caminar con mayor rapidez; al contrario, pueden retrasar la marcha al interferir con su desarrollo psicomotor. Aunado a lo anterior, representan un peligro para su salud y su integridad física. Es por esto que en este artículo presentamos cinco razones por las que es recomendable evitar el uso del andador.

  1. Expone al bebé a un mayor riesgo de sufrir accidentes
  2. Interfiere con el desarrollo psicomotor
  3. Retrasa el inicio de la marcha
  4. Afecta el desarrollo físico
  5. Interfiere con otras funciones cognitivas

 

1. Expone al bebé a un mayor riesgo de sufrir accidentes

Muchos padres de familia no lo saben, pero en algunos países –Canadá, por ejemplo– la venta de andadores está completamente prohibida. La razón es simple: son muy peligrosos. De hecho, la mayoría de los bebés de menos de quince meses de edad que llegan a las salas de emergencia, lo hacen debido a un accidente relacionado con los andadores. Lo más común es que caigan por las escaleras y se lastimen el cuello o la cabeza, pero este no es el único riesgo al que están expuestos; también pueden hacer caer muebles y objetos sobre sí mismos, machucarse los dedos o acceder a cosas peligrosas, como líquidos calientes, cuchillos y otras herramientas afiladas, que de otro modo estarían fuera de su alcance. Si bien existen algunos modelos que cuentan con un freno, estos no han demostrado ser mucho más seguros; incluso ha habido casos de niños que se han ahogado al caer en una piscina.

2. Interfiere con el desarrollo psicomotor

Bebé tomando sus primeros pasos

Aprender a caminar es el resultado de un proceso que inicia cuando el bebé logra sentarse por sí mismo; pasado un tiempo, empieza a gatear y, finalmente, consigue ponerse de pie con la ayuda de un adulto o apoyándose en algún mueble. Cuando comienza a dar sus primeros pasos, su cuerpo ejecuta una serie de movimientos biomecánicos que ocurren de manera natural y que son fundamentales para mantener el equilibrio y pisar correctamente. El uso del andador interfiere con este proceso y compromete el adecuado desarrollo psicomotor del bebé, pues por un lado, impide que balancee sus brazos cuando camina –lo cual es esencial para que coordine sus movimientos– y, por el otro, evita que adquiera la fuerza muscular necesaria para sostenerse en pie por sí mismo.

3. Retrasa el inicio de la marcha

Contrario a lo que suele pensarse, el andador no ayuda a los bebés a caminar más rápido; de hecho, los niños que lo utilizan tardan más en aprender a hacerlo y suelen presentar más problemas de equilibrio y coordinación que aquellos que no lo usan. Está demostrado que la mejor manera de estimular la marcha en los pequeños es permitirles gatear con libertad, pues con ello fortalecen sus músculos, aprenden a controlar el movimiento de sus extremidades y, sobre todo, comprenden que son capaces de desplazarse por sus propios medios para explorar su entorno y satisfacer su curiosidad.

 

4. Afecta el desarrollo físico

Los andadores están diseñados para que el bebé pueda impulsarse mientras se encuentra apoyado en una especie de asiento que lo fuerza a arquear o separar las piernas de manera poco natural. Esto no sólo impide que fortalezca los músculos necesarios para caminar; también puede alterar el desarrollo de la estructura ósea y provocar anomalías en la columna vertebral, así como provocar condiciones como el pie plano.

5. Interfiere con otras funciones cognitivas

Bebé tomando sus primeros pasos

Cuando los bebés gatean, además de ganar fuerza y control sobre su cuerpo, adquieren otro tipo de habilidades que favorecen la marcha; por ejemplo, comienzan a desarrollar la percepción espacial que les permite medir la distancia que los separa de los objetos y de otras personas, y se estimula la función neurológica denominada “patrón cruzado”, la cual hace posible el desplazamiento corporal organizado. Cuando se les coloca en un andador, su percepción del espacio es limitada; además, sus manos y brazos permanecen inmóviles y su pisada es más ligera, lo que puede resultar contraproducente a mediano plazo.

Por todas estas razones, lo más sensato es evitar el uso de los andadores; realmente no son necesarios y los riesgos son mayores a los beneficios. Es mejor brindarle al bebé espacios seguros y contenidos en donde pueda, con el estímulo y el apoyo de sus padres, desarrollar sus habilidades de manera independiente y a su propio ritmo.

 

Fuentes: Harvard, Etapa Infantil, CSC