Las ecografías, también conocidas como “ultrasonidos”, se han convertido en una herramienta fundamental para el monitoreo de la salud materno-fetal durante la gestación. La recomendación de la OMS es que se realice un mínimo de dos ecografías a lo largo del embarazo; sin embargo, varios estudios han demostrado que una o dos ecografías más tempranas pueden ayudar a detectar factores de riesgo importantes para el embarazo, lo cual permite al equipo médico tomar las medidas necesarias para mitigarlos.

 

¿Cuál es el cronograma de las ecografías?

 

Las tres ecografías que se recomiendan durante el embarazo son las siguientes:

Primera ecografía: entre las semanas 11 y 14

Segunda ecografía: entre las semanas 20 y 24

Tercera ecografía: entre las semanas 28 y 32

 

 

Primera ecografía (entre las semanas 11 y 14): generalmente se realiza por vía abdominal. En esa etapa de la gestación, la mayor parte de la anatomía del bebé ya está formada, y éste deja de ser un embrión para convertirse en feto. El propósito de esta ecografía es confirmar la edad gestacional (si esto no se hizo mediante un ultrasonido previo), descartar algunas malformaciones de la anatomía fetal, detectar posibles defectos cromosómicos y evaluar el riesgo materno de presentar hipertensión gestacional (preeclampsia).

 

Segunda ecografía (entre las semanas 20 y 24): se realiza por vía abdominal y transvaginal. Con esta ecografía, se evalúa a detalle el desarrollo de la anatomía fetal, se confirma que el crecimiento del bebé sea adecuado, y se definen el funcionamiento y la ubicación de la placenta por medio de la ecografía Doppler. Además, una ecografía transvaginal para medir la longitud del cuello del útero permite evaluar el riesgo de parto prematuro.

 

 

Tercera ecografía (entre las semanas 28 y 32): con esta ecografía se examina el desarrollo fetal para confirmar que su crecimiento sea adecuado, así como para proyectar el peso del bebé al término del embarazo. Se revisan, de igual modo, la placenta, el cordón umbilical y el líquido amniótico; esto ayuda al equipo médico a planificar el parto.

En el caso de embarazos planificados, en los que la gestante conoce su estado de manera temprana, muchos médicos recomiendan una ecografía transvaginal entre las semanas 6 y 10, con el objetivo de ubicar al embrión y calcular con mayor certeza la fecha probable del parto. Lo anterior es de gran ayuda para el manejo adecuado del embarazo, desde el inicio hasta su término.

Ahora bien, muchas de las futuras madres que asisten a los cursos que ofrecemos en MiApego, han expresado sus dudas con respecto a las ecografías y, en particular, la preocupación de que éstas constituyan un mayor número de “intervenciones” durante el embarazo; sin embargo, la realidad es que, como demuestran algunos estudios, las ecografías son una herramienta que justamente permite prevenir intervenciones innecesarias, especialmente cuando se realizan de manera temprana, así como reducir la tasa de inducciones. Además, tal como se explica en nuestro artículo sobre la importancia de las ecografías en el embarazo, no sólo son de gran utilidad desde el punto de vista médico; también tienen un impacto positivo en la vinculación materno-fetal, sobre todo cuando el profesional mantiene informada a la gestante durante el proceso y procura explicarle lo que está viendo en la pantalla. Fuente.