En casi todos los países pertenecientes a la OCDE, la mayoría de las mujeres da a luz después de los 30 años de edad; las excepciones son México –en donde la edad promedio es de 28 años o menos– y otros ocho países –entre ellos, Chile– en los que la media ronda entre los 28 y los 30 años de edad. A pesar de esta tendencia, hay mucha desinformación sobre los riesgos que conlleva el embarazo después de los 35 años; en realidad, mucho de lo que se dice al respecto está basado en estudios de hace de un siglo.

¿Es posible concebir después de los 35 años?

Por supuesto. El famoso “reloj biológico” existe, pero es poco entendido, incluso por los médicos. Lo cierto es que la edad es sólo un factor para la fertilidad; una mujer de 40 años podría concebir sin problema alguno, mientras que otra mujer de 25 años podría tener dificultades para hacerlo. Las mujeres nacen con una determinada cantidad de óvulos; a lo largo de su vida fértil, éstos van disminuyendo en cantidad y calidad. Esto significa que, con el aumento progresivo de las menstruaciones sin ovulación, podrían demorar más en concebir.

¿Cuáles son los riesgos de los embarazos en mujeres mayores de 35 años?

Las mujeres mayores de 35 años tienen más probabilidades de presentar enfermedades asociadas al estilo de vida, tales como obesidad o hipertensión crónica. Estas condiciones aumentan los riesgos para la salud materna. Entre las posibles complicaciones, se cuentan las siguientes:

  • Gestación múltiple: debido a los cambios hormonales y al cada vez más frecuente uso de tecnologías de fertilidad asistida, las mujeres de edad más avanzada tienen más probabilidades de desarrollar embarazos múltiples, los cuales se consideran más riesgosos.
  • Diabetes gestacional
  • Presión arterial alta
  • Preeclampsia

Es importante aclarar que una mujer menor a 35 años con una o más condiciones crónicas tiene mayores riesgos de presentar complicaciones durante el embarazo que una mujer saludable de 35 años o más. Muchos estudios han demostrado que, si bien existe una correlación entre la edad y ciertas enfermedades, son las enfermedades las que representan un riesgo y no la edad en sí misma.

Algunos de los riesgos más altos para la salud fetal son:

  • Parto prematuro, antes de la semana 37 de embarazo
  • Bajo peso al nacer
  • Aborto espontáneo
  • Muerte fetal
  • Anormalidades cromosómicas, como el síndrome de Down: la probabilidad aumenta de aproximadamente 1 por cada 1 250 embarazos –en el caso de mujeres que conciben a los 25 años–, a alrededor de 1 por cada 100 –en el de mujeres que conciben a los 40 años.

Si bien algunos estudios concluyen que las probabilidades de requerir un mayor número de intervenciones durante la gestación y el parto se elevan con la edad materna, no hay suficiente evidencia para determinar si esto se debe a un aumento en las complicaciones de salud materno-fetal o a un trato más conservador por parte del equipo médico, al atender a una gestante de edad avanzada.

Impacto emocional y psicosocial

Hay estudios que demuestran que las gestantes mayores de 35 años suelen informarse más sobre el proceso de la gestación y el parto, toman más clases o asisten a cursos de educación perinatal [enlace a sitio del curso de Mi Apego] y se controlan con la ayuda de un equipo médico. Por lo general, las futuras madres de edad avanzada, con carreras profesionales y educación universitaria, tienden a ver el embarazo como un proyecto y se preparan, física y emocionalmente, para los cambios.

A pesar de lo anterior, muchas mujeres experimentan angustia al saber que sus embarazos se clasifican como “riesgosos” solamente por su edad. Hay muchas discusiones al interior de la comunidad médica sobre la mejor manera de mitigar los riesgos asociados a la edad maternal sin provocar angustia en las gestantes; sin embargo, aún hay mucho desconocimiento sobre el impacto emocional de las clasificaciones de los embarazos con mayor enfoque en los aspectos técnicos, pero con falta de empatía en lo relativo a las emociones. Si la gestante se siente angustiada debido a su embarazo, lo mejor es que busque un equipo médico que la haga sentir en confianza. También está comprobado que asistir a clases o cursos de educación prenatal, así como integrarse a alguna comunidad de parejas embarazadas, resulta beneficioso para la contención emocional.