La segunda noche del bebé suele ser difícil para la mayoría de las madres, sobre todo para las primerizas, pues con mucha frecuencia representa la primera crisis a la que se enfrentan después del parto. Durante su segunda noche, el recién nacido –que hasta ese momento ha estado tranquilo y ha dormido plácidamente– despierta inquieto, ansioso y llorando de manera inconsolable. Para muchas madres, esto representa la primera crisis de la lactancia, pues tienen que recurrir a la leche artificial para satisfacer a sus bebés hambrientos; además, es un período de mucho estrés, tanto para ellas como para sus parejas, pues por lo general no saben cómo calmar a su hijo o hija, y comienzan a dudar de sus habilidades para la crianza. Dado que la madre apenas está iniciando su recuperación después del parto o la cesárea, y seguramente siente mucho dolor y cansancio, la segunda noche del bebé puede convertirse en una verdadera pesadilla.

 

¿Por qué el bebé está tan inquieto durante la segunda noche?

No existen suficientes investigaciones para determinar con certeza las causas de este fenómeno, aunque existen dos teorías al respecto. La primera asume que la tranquilidad que manifiestan los bebés durante las primeras veinticuatro horas después de su nacimiento se debe a que se encuentran agotados por el esfuerzo que conlleva el trabajo de parto; sin embargo, lo anterior no aplicaría para aquellos que nacieron por medio de una cesárea. La otra posible explicación es que, precisamente durante la segunda noche, se establece la producción de la leche materna; ésta suele “bajar” entre los días tercero y quinto después del nacimiento, y se cree que la agitación del bebé es la manera biológica de acelerar el proceso.

 

¿Qué se puede hacer para enfrentar mejor la segunda noche?

En primer lugar, es importante recordar que la crisis de la segunda noche es normal y que la mayoría de las madres se enfrentan a este fenómeno; el bebé se encuentra bien y no hay razón para alarmarse. A continuación se enlistan algunas recomendaciones para superar la segunda noche del bebé con mayor facilidad:

  • Solicitar analgésicos para manejar mejor el dolor.
  • Procurar dormir tanto como sea posible durante el día. Limitar las visitas a un par de horas para poder descansar a lo largo del día puede ayudar a que la noche sea más manejable.
  • Si aún no se ha recibido el alta de la clínica o el hospital, es importante que una persona de confianza se quede a pasar la noche en la sala de recuperación, para cuidar al bebé y brindarle contacto piel con piel mientras la madre duerme.
  • Ser paciente y recordar que esta etapa sólo durará de veinticuatro a cuarenta y ocho horas; la segunda noche no es una indicación del temperamento del bebé a corto ni largo plazo.
  • Rodearse de personas que apoyen la lactancia y a la nueva familia.

 

 

Si aún no se ha obtenido el alta de la clínica o el hospital, los profesionales de la salud deben evaluar bien tanto al recién nacido como a la madre, además de verificar el progreso de la lactancia en esos primeros días. En caso de que ya se encuentren en casa, contar con el apoyo profesional de una consultora de lactancia durante la segunda noche resulta de gran utilidad, pues permite verificar que el bebé esté bien hidratado. Si no se cuenta con esa opción, es importante evaluar –antes de salir de la clínica o, en el caso de un parto en casa, antes de que se retiren las parteras o matronas– el inicio de la lactancia dentro de las primeras veinticuatro horas después del nacimiento.