La ictericia neonatal es una afección común y generalmente inofensiva que provoca la coloración amarillenta de la piel y los ojos del bebé. Aproximadamente seis de cada diez recién nacidos presentan esta condición, la cual suele desaparecer en dos semanas –o hasta tres, en el caso de los bebés prematuros. Por lo general aparece primero en la cara y luego se desplaza por el cuerpo hasta el pecho, el abdomen, los brazos y las piernas; se observa mejor bajo la luz natural y puede ser más difícil de detectar en bebés de piel oscura. Es muy importante recordar que el hecho de que un recién nacido desarrolle ictericia no siempre significa que esté enfermo.

 

¿Qué causa la ictericia del recién nacido?

La ictericia es el resultado de la acumulación de bilirrubina –desecho biológico de color amarillo– en la sangre. Cuando el bebé se encuentra en el útero, la placenta se encarga de eliminar los desechos; sin embargo, en los primeros días posteriores al parto, el cuerpo del recién nacido puede tardar un tiempo en comenzar a descomponer de manera eficaz sus propios desechos, por lo que es posible que se acumulen. Una vez que el bebé alcanza las dos semanas de edad, su hígado procesa mejor la bilirrubina, de manera que la ictericia generalmente mejora y no le causa daño alguno.

 

¿Cuándo debo preocuparme por la ictericia del bebé?

La ictericia neonatal no suele ser motivo de preocupación, pero es importante comprobar que el bebé no requiera tratamiento. Algunos recién nacidos, en especial si desarrollan ictericia dentro de las veinticuatro horas posteriores al parto, podrían tener alguna condición de salud subyacente; en este caso, existe un riesgo muy pequeño de que se presente una complicación denominada kernícterus o ictericia nuclear, provocada por la acumulación de bilirrubina en el cerebro. No obstante, si bien esta afección es grave, es muy poco común.

 

¿Qué es la ictericia prolongada?

Varios factores podrían provocar que la ictericia neonatal persista más allá de las dos o tres semanas habituales, incluso en bebés sanos que ya están siendo amamantados. Sin embargo, es muy importante que el pediatra controle al bebé para descartar alguna condición de salud subyacente –por ejemplo, una enfermedad hepática infantil– que podría requerir de un tratamiento específico.

 

Tratamientos de la ictericia

Sólo uno de cada veinte bebés con ictericia necesita algún tipo de tratamiento; en caso de que lo requiera, puede recibirlo directamente en la clínica u hospital. Los procedimientos habituales son los siguientes:

  • fototerapia, que consiste en exponer al bebé a un tipo especial de luz que puede descomponer o “cambiar” la bilirrubina, de manera que el hígado pueda degradarla con mayor facilidad;
  • y un tipo de transfusión en la que se extraen pequeñas cantidades de la sangre del bebé y se reemplazan por la de un donante compatible.

 

Tratamientos no recomendados para el tratamiento de la ictericia en el lactante:

  • Complementar la alimentación del bebé con agua azucarada. De hecho, esto puede empeorar la ictericia al interferir con la ingesta y producción de leche materna; además, puede retrasar la reducción de los niveles de bilirrubina.
  • Interrumpir la lactancia. Esto puede, en última instancia, empeorar la ictericia y sabotear los esfuerzos de la madre por brindar a su bebé la mejor nutrición posible. La alimentación frecuente por medio de la leche materna es la manera más eficaz de reducir la ictericia.
  • Fototerapia por exposición al sol. Uno de los remedios más populares para la ictericia es dar “baños de sol” al bebé, sentándose con él junto a una ventana. Debido al riesgo de quemadura, esta “fototerapia” casera ya no se recomienda; es muy importante proteger del sol al recién nacido por lo menos durante los primeros seis meses, cuando aún no se le pueden aplicar bloqueadores solares.

 

La ictericia en el recién nacido es una condición muy común, relativamente fácil de resolver, que sólo en pocos casos requiere un tratamiento más complejo. Sin embargo, la mala gestión de este problema por parte de algunos pediatras, sobre todo cuando recomiendan suplementar al recién nacido con fórmula para mejorar la digestión, puede comprometer el éxito de la lactancia materna en su momento más crítico, es decir, al inicio de ésta.

 

Fuentes: American Pregnancy Association, NHS, RCOG