La llegada al mundo de un niño o una niña es una experiencia tan maravillosa como abrumadora, especialmente para los padres primerizos. Por más que se preparen y hagan planes en las semanas o meses previos al nacimiento de su bebé, aún tendrán mucho que aprender sobre la crianza; además, aunado a los muchos cambios que experimentarán su vida y sus rutinas, pasarán por una etapa de mucho cansancio y falta de sueño.

En estas condiciones, puede resultar complicado mantener intacta la relación de pareja; de hecho, es muy común que haya más peleas o discusiones de lo normal. Con mucha frecuencia, el estrés y las presiones que sufren los nuevos padres durante el primer año de vida de su bebé provocan una crisis en su convivencia, pues salen a relucir problemas que no eran conscientes de tener o que, hasta ese momento, habían evitado enfrentar. En este artículo explicamos los conflictos más comunes que surgen entre las parejas con un recién nacido y ofrecemos algunos consejos para resolverlos.

  1. Diferentes estilos de crianza
  2. Cambios en la intimidad
  3. Distribución de las tareas del hogar
  4. Desacuerdos financieros

1. Diferentes estilos de crianza

Recien nacido llorando

 

Hoy día, es muy frecuente escuchar sobre distintos modelos de crianza –por ejemplo, “crianza positiva”, “crianza respetuosa” o “crianza con apego”– que, con base en distintas teorías, se presentan como una guía de lo que “deberían” hacer los padres a partir del nacimiento de su bebé. Sin embargo, la realidad es que la crianza no es algo tan sencillo que puede reducirse a “seguir un modelo”. Por lo general, la manera de abordarla tiene mucho que ver tanto con lo que los padres desean para sus hijos, como en la manera en que ellos mismos fueron criados; además, existen otras variables, como la salud o el temperamento del recién nacido, que suelen influir en la conducta de los padres, sobre todo en los momentos más estresantes. Por ejemplo, ante un bebé que no para de llorar, es muy probable que las reacciones de los nuevos padres no estén basadas en los mencionados modelos de crianza, sino en sus propias experiencias cuando eran niños, y es aquí cuando podrían surgir desacuerdos entre ellos sobre cuál es la mejor manera de actuar.

Aprender a escuchar al otro con empatía y respeto es fundamental para evitar o resolver los conflictos; una vez que comprendan sus necesidades y puntos de vista, será más sencillo lograr un consenso. Es muy importante mantener abiertos los canales de comunicación y dedicar unos minutos al día a compartir sus opiniones y experiencias con la crianza, así como a conversar sobre los resultados de sus decisiones. No olviden que ambos quieren lo mejor para su hijo o hija, y sobre todo, que están aprendiendo juntos a ser padres.

 

2. Cambios en la intimidad

Este es un problema que afecta a la mayoría de las parejas en los meses que siguen al nacimiento de su bebé y, sin embargo, suele ser difícil de abordar porque todavía es un tema tabú del que, con mucha frecuencia, las mujeres no hablan ni siquiera con su ginecólogo. Por lo general, el médico o la matrona indican a los nuevos padres que pueden retomar su vida sexual entre cuatro y seis semanas después del parto; no obstante, es común que no se encuentren psicológicamente preparados para ello. Es cierto que la intimidad es una parte muy importante para tener una relación plena y saludable, pero es importante recordar que tanto las madres como los padres atraviesan por fuertes cambios físicos y emocionales en los meses que siguen a la llegada de su hijo o hija.

En el caso de las mujeres, éstas experimentan variaciones hormonales bruscas que suelen afectar su estado de ánimo; muchas tienen episodios de ansiedad, sienten una inexplicable tristeza –conocida como “baby blues”– que en algunos casos puede convertirse en la llamada depresión posparto, o incluso sufren estrés postraumático. Aunado a lo anterior, pueden sentirse inseguras por los cambios físicos que ocurren en su cuerpo, estar abrumadas por los cambios de identidad en su nuevo rol de madre o, simplemente, encontrarse agotadas por la falta de sueño y el esfuerzo de atender las exigencias del bebé. Todo esto puede reducir de manera significativa su deseo de tener encuentros sexuales. En el caso de los padres, las cosas tampoco suelen ser más fáciles; ellos también pueden sufrir de depresión posparto y tener dificultades para adaptarse a su nueva vida, a la falta de sueño y a las nuevas preocupaciones.

La buena comunicación es esencial para evitar o resolver los conflictos relacionados con la falta de intimidad. Es conveniente que las parejas se den el tiempo de conversar y expresar, siempre con respeto y honestidad, sus expectativas con respecto al contacto físico, las muestras de afecto y el sexo; asimismo, es importante no juzgar al otro ni ponerse a la defensiva. Lo mejor es aprender a no tomar el rechazo a una petición de sexo de manera personal; en ese sentido, vale la pena dedicar un momento a platicar sobre las mejores formas de decir “no” o indicarle a su pareja que no es el mejor momento para tener un encuentro, de modo que ambos se sientan comprendidos y validados. Ahora bien, no está de más recordar que hay otras formas de compartir momentos íntimos además del sexo; algunas actividades sencillas como acurrucarse en el sofá, darse un masaje o compartir una bebida caliente pueden ayudar a los nuevos padres a relajarse, conversar un poco, compartir sus emociones y reconectar como pareja.

 

3. Distribución de las tareas del hogar

Pareja hace el aseo juntos

 

Las discusiones o peleas relacionadas con los quehaceres domésticos son muy frecuentes y pueden convertirse en una importante fuente de tensión para las parejas. Los bebés requieren muchos cuidados y atención constante; es muy común que las tareas del hogar se acumulen y parezcan interminables, sobre todo cuando ambos padres tienen que atender otras necesidades y obligaciones, como regresar a sus actividades laborales, hacer las compras, cumplir con compromisos sociales y, sobre todo, descansar. Es por esto que resulta fundamental que las parejas se den el tiempo de conversar para coordinar horarios y decidir de qué manera compartirán tanto las responsabilidades que conlleva la crianza de un bebé, como las distintas tareas necesarias para mantener su casa limpia y ordenada. Por ejemplo, podrían decidir que si uno prepara la comida, el otro lavará los platos; o si hay alguna actividad que no les agrada, como limpiar el cesto de los pañales sucios, tomarán turnos para llevarla a cabo. Es muy importante que aprendan a verbalizar sus preocupaciones y molestias de manera respetuosa y eviten culpar al otro por el desorden, pues esto ayuda a reducir la negatividad y la posibilidad de tener un conflicto.

 

4. Desacuerdos financieros

Tener y criar un bebé cuesta mucho dinero; de hecho, los gastos comienzan desde el momento en que la pareja queda embarazada. Esto puede resultar muy estresante para los futuros padres y suele ser motivo de discusiones, sobre todo cuando uno acostumbra gastar más y el otro prefiere ser más austero. Lo mejor es que ambos se den el tiempo de sentarse a diseñar un plan financiero para todo un año, que incluya un presupuesto destinado a las necesidades esenciales, como ropa, alimentos, servicio médico y pago de facturas, así como un plan de ahorro para cubrir otros gastos a mediano plazo, como educación, vacaciones familiares o compras mayores. Procuren apegarse a las decisiones que tomen juntos y revisar sus finanzas cada mes con el fin de evitar imprevistos y, si fuera necesario, hacer ajustes al presupuesto.

 

Fuentes: The Gottman Institute, Motherly